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Mediterráneo sereno. La Marina. Atardecer. Velero en el horizonte entregado a su vaivén. La espuma del oleaje juguetea con mis pies y en la calma marinera, ecos de viejos milenios me llegan de tus riberas. En el Occidente, Heracles al Océano te entrega y los toros de Gerión te cruzan hasta Micenas. Hoy, te surcan los veleros compitiendo en las regatas. Ayer, fueron los remeros los que, entre Gadir y Etruria, civilización tejieron. Las entrañas de tus aguas han sido hendidas por quillas, transportando los acervos de Tarsis, a Palestina; de la Bética hasta el Po y de Al-Andalus a Siria. |
La cruz y la media luna disputan tu hegemonía. Lepanto levanta acta de la lucha fratricida. Hoy, te ensucian los petroleros, te amedrantan las fragatas, te intimidan los misiles, y te infectan los vertidos, tóxicos, de las cloacas. En tus pacíficas aguas, con vidas de la otra orilla, duermen exiguas pateras -que buscaban El Dorado- víctimas de su osadía. De pinos y de palmeras siluetas en maridaje; un niño, de luz bañado, juega con el oleaje. Atardecer. La Marina. Con la luna entre las aguas, efluvio de luz y vida, el Mediterráneo sigue envolviéndome en su brisa. |
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