![]() por Rosa Romero
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Me dirijo a ti, mujer, porque tu sabes mi idioma. El tipo de educación que hemos recibido unas determinadas generaciones
y especialmente las mujeres, ha sido enfocada hacia el servicio: a los
hijos, al marido, a la comunidad, a la iglesia, etc., pero nunca se nos
enseñó a aprender a querernos, muchas veces ni siquiera sabemos qué
queremos realmente, porque no perdemos el tiempo en preguntarnos ¿dónde
estamos?, ¿adónde vamos? y la peor de todas la preguntas, aquella que
evitamos por todos los medios hacernos ¿es esto lo que yo soñaba tener?,
¿es ésta la vida que yo quiero? ". Nos metemos en el círculo de hacer aquello que debemos, y terminamos
haciendo aquello que se espera que nosotras hagamos. ¿Por qué nos esforzamos tanto en cumplir un papel? ¿qué autoridad
tienen los demás para escribir el papel de nuestro guión? Llegamos a actuar de esta forma, durante años, durante toda la vida,
incluso, aunque ello suponga un coste personal inmenso, tanto físico como
emocional. Nunca nos relajamos, porque nunca somos nosotras mismas de forma
auténtica. |
Todo vale, con tal de no enfrentarnos con nosotras mismas, simplemente
porque NO SABEMOS HACERLO, no tenemos habilidades para salir airosas de
una tarea tan dura.
Si tuviéramos que escribir medio folio sobre nuestras virtudes,
aptitudes, valores e ilusiones, muchas tendríamos grandes dificultades
para hacerlo.
En cambio, cuando ejecutamos el papel que sabemos -aquel que cambia muy
poco con los años- el del deber, nos sentimos, en principio, más
cómodas porque pisamos terreno seguro. Además obtenemos el mayor de los
beneficios, el elogio, por él, y en busca de él, realizamos casi
cualquier cosa, y es, fundamentalmente, lo que mantiene esta actitud tan
alienante, durante mucho tiempo. No estamos acostumbradas a ser alabadas,
sino cuando realizamos algo ¡¡que esté dentro de la norma!! Si fuera usual en nuestra cultura, elogiar a quien tiene algo positivo
por el mero hecho de tenerlo, sin que tenga que demostrar nada, no
estaríamos envueltos en esta carrera de locos, en este afán por el
éxito (éxito cuyas pautas siempre marcan los demás.) No pensamos, que
posiblemente, nuestro éxito, es bien distinto, es quizás, simplemente,
disfrutar con una conversación, o con una película y no el
"conservar nuestro papel ". Nos enseñan que no debemos tener miedo, pero olvidan decirnos que la
mejor forma de no tenerlo es enfrentando aquello que nos asusta, y que la
mayor parte de las veces no es miedo, es desconocimiento.
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Por tanto, sólo conociéndonos a nosotras mismas estaríamos
preparadas para avanzar. Si realmente queremos una cosa pero hacemos otra, estamos atentando
contra la mayor de las libertades, no estamos tampoco siendo justos con
nosotras mismas (con la auténtica persona que somos.) Además intentamos
hablar de verdad, mientras construimos la mentira de nuestra vida. Nos sentimos muy mal y, aquí justo, es el momento más importante de nuestra vida, cuando decidimos qué camino de la encrucijada tomar, el del querer ser nosotras mismas, con todas sus dificultades y beneficios, o ser la que creemos que debemos ser, camino que está ya más usado y lo conocemos. La calidad del resto de nuestra vida dependerá de esa decisión. A ti, mujer te escribo. ¿Cuándo te vas a decidir a recibir lo que te corresponde? |
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