Con Alberti en la arboleda

por Mercedes Vieira "Alondra"


Rafael Alberti

Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.
Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.
¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla,
y sobre el ancla una estrella,
y sobre la estrella el viento,
y sobre el viento la vela!


Cuando me llegó la noticia, volaba yo absorta en realidades cotidianas de prisas, personas somnolientas y ruidos mañaneros. Mi mirada se encontró con tu rostro asomado a la primera página de un diario y mi corazón tembló levemente... En esos momentos, Rafael, toda aquella parte de mi vida, la que tu fuiste perfilando con entrañables pinceladas blancas y azules, llenó mi alma...
Y así, sin que nadie lo notara, tu y yo, como en tantas horas nuestras, volamos durante unos instantes acariciados por el viento y acunados por el murmullo de esta nueva Bahía, que se llena deseosa de ese encanto tuyo marinero que, a pesar del tiempo transcurrido, nunca perdiste.
Hoy, cuando la noticia de tu muerte ha venido a inundar de sentimiento este despertar gaditano, la Bahía ha amanecido convertida, por fin, en tu soñada Arboleda Perdida...

Ese melancólico lugar de retamas blancas y amarillas, buscado siempre como amoroso descanso, ha aparecido de pronto lleno de sal y de tonos azules. Los pájaros del recuerdo que furiosos cantaban sobre ramas pretéritas, son ahora gaviotas que graznan felices de verte volar entre ellas, y aquel viento, que trajinaba de una retama a otra, se ha adueñado del levante para sentirse sonoro.
Aquí la luz dejará de ser una memoria de la luz para convertirse en claridad salada y transparente. Y ese golfo de sombra que esperabas cerrado al final del camino, se abrirá al mar recibiendo de él sueños y deseos nuevos.

Desde hoy el vaporcito que siempre atraviesa la Bahía, navegará recogiendo poesías tuyas, como estrellas, para llevarlas a Cádiz y a El Puerto de Santa María.
Y las sirenas, a la caída de la tarde, con el crepúsculo rojo como testigo, nos irán narrando dulcemente cómo tu poesía nos debe enseñar a comprender al ser humano y a su lucha por la dignidad. Que tu amor y defensa por la libertad debe ser para todos nosotros esa luz, que como la del faro, nos ilumine y enriquezca en el duro camino de la lucha por la justicia, y que tu ejemplo de coherencia y de reconciliación debe despertar en nosotros grandes deseos de olvidar rencores.
Y cuando llegue la noche y, como polvos de una varita mágica, desde la balaustrada de la Alameda veamos brillar todas las lucecitas de las distintas ciudades que acunan la Bahía, para los oídos aún niños, sonará tu voz clara, profunda, recordándonos que la arboleda perdida de nuestros recuerdos infantiles nos acompañará siempre,

...saboreando la sal...

hasta que acariciados por un soplo de levante y saboreando la sal en nuestros labios, dejemos que la luz de una nueva Bahía baile en nuestros ojos.

"Y una larga memoria, de la que nunca nadie podrá tener noticia, errará escrita por los aires, definitivamente extraviada, definitivamente perdida." (*)

¡Bienvenido, Rafael, descansa en paz en tu Bahía soñada!


(*) "La Arboleda Perdida". Memorias.



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