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Aunque es probable que se confunda con la estrella marroquí de cinco puntas o con la judía de seis (llamada también "la estrella de David"), la estrella de ocho puntas es, seguramente, el símbolo andaluz más antiguo de todos. Desde la mitología tartésica, representando al sol o, según otros, al lucero del alba, hasta nuestros días, es sin duda, el emblema más entrañablemente andaluz, que ha sobrevivido además de a conquistas y a invasiones, hasta a lo más devastador de todo: a las modas. En fragmentos de cerámica de la Cueva de la Carigüela de Piñar, en la cueva del Pozuelo o en la de la mujer, en Alhama de Granada, y en la Cueva de Jimena de la Frontera (Cádiz) junto a otros signos, el sol de ocho rayos - o la estrella de ocho puntas - se encuentra como parte de lo que parece ser escritura jeroglífica. La estrella pasa a las monedas, como símbolo político, en la época tartesso-turdetana y ya sea en ellas, o como mero elemento decorativo no dejará de manifestarse por todos lados. En muchas de estas monedas aparece un toro, animal sagrado en la civilización tartésica, debajo de la estrella de ocho puntas o debajo de una media luna creciente.
Mosaico de Valenzoleja Desaparece de las monedas en la bética pero es, probablemente, el símbolo diferencial más importante para distinguir a los mosaicos béticos - donde pervive - de los norteafricanos o romanos propiamente dichos. El arqueólogo Gómez Moreno encontró en la ruinas de Elbira una lámpara de platillo, con un círculo metálico en la que tiene calada una estrella de ocho puntas. Reaparece en las primeras monedas islámicas que se acuñan en Andalucía. En el 712, tan pronto como eso, se acuñan monedas en latín, y en el 716 en latín por una cara y en árabe por la otra, con el nombre de Mahoma en ellas, y la estrella de ocho puntas que las diferencia de las del Magreb que llevan, en cambio, una columna sobre una escalinata, por una de las caras y dos bustos en la otra.
Brocal de pozo mudejar El califato independiente de Al-Andalus utilizó profusamente la estrella, incluso en algunas de sus monedas, y de los talleres de Medina Azahara salieron una serie de botes y arquetas, entre ellas la del monasterio de Leyre (Navarra) en las que aparece una peculiar estrella de ocho puntas en forma lobulada.
Mocárabes y artesonado de madera |
Mocárabes / Sala de dos hermanas Pero es en el Reino de Granada donde la estrella se prodiga con exuberancia y donde sus ocho puntas se engarzan en azulejos de geometría imposible, en estuco dorado, en madera y en engastes de joyas y armas, en coloridos tapices y en monocromáticos mármoles. Y en el mango de la espada de Boabdil.
Mirador de Lindaraja. Es, por si fuera poco y como los buenos cantes, un símbolo de ida y vuelta. Primero en Creta, en el palacio de Festos y en Grecia (colección Stathatos) y después en Cerdeña. Con el toro, o con bellotas, o con la media luna creciente, la estrella de ocho puntas aparece lejos de Andalucía, en lugares donde por razones de comercio o de influencia, existía algún tipo de conexión con nuestra tierra. Y sale de Andalucía entre los bártulos, o grabada en el corazón, de los que tienen que dejarla. Muchos andaluces de la época emigran hacia el norte debido a la inestabilidad religiosa y política de Al-Andalus, sobre todo a mediados y finales del siglo IX. Estos andaluces, muchos de ellos clérigos, dejarán su huella en decoraciones que partiendo de la estrella se inclinan hacia interpretaciones octagonales o lobuladas. Desde la caída del Califato cordobés, cuando Alfonso VI avanza hacia tierras del Guadalquivir dos movimientos artísticos pugnaban en el suelo peninsular: el andalusí originado en Andalucía y el gótico occidental de importación europea. Los reyes castellanos, atraídos por la riqueza de este arte construyen mansiones, palacios e incluso iglesias inspirados en las construcciones andaluzas, visten con telas andaluzas, comen en vajillas fabricadas por alfareros andaluces, adornan sus palacios con alfombras andaluzas y hasta acuñan monedas al estilo de las que hizo Abd al-Rahman III. Menéndez y Pelayo dijo que este arte era "el único tipo de construcción peculiarmente español de que podamos envanecernos". Hablaba, claro está, del mudéjar. Las torres de Teruel, San Pedro Mártir de Calatayud, el castillo de la Coca, el palacio del infantado de Guadalajara, son algunas extraordinarias muestras de esta expresión artística. De la misma forma, los andaluces deportados por los almorávides y almohades al norte de Africa en primera instancia y los moriscos granadinos después, llevan la estrella al Magreb. Hay una en el almimbar más antiguo de los conservados en Marruecos: el de la mezquita de los andalusíes de Fez. También se produce una nueva emigración de clérigos hacia los monasterios del norte. Estos andaluces de las primeras diásporas también llevan la estrella de ocho puntas consigo y consolidan su presencia en esas comarcas. Se puede inferir, también, que no es casualidad que la estrella de ocho puntas se extendiese por todo el reino de Aragón. No hay que olvidar que Alfonso "el Batallador" se llevó a Aragón a más de diez mil granadinos después de su incursión en Granada en el año 1125.
(Fin del primer capítulo) |