por Juan José Ruíz Plaza
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Cada casa, cada familia, cada apellido conserva como en un relicario algún rasgo de otros lares que trajeron en la maleta cuando dejaron la tierra de sus mayores y bajaron al sur del sur. Son esos tesoros que se guardan y se disfrutan en familia y que, como el "mantel bordao" o la "corcha del ajuar", sólo se extiende para que adorne el balcón y la disfruten los vecinos en las grandes solemnidades. Y la Navidad es la más grande de todas. Así, Roquetas ha ido con el paso de los años convirtiéndose en crisol donde se han ido fundiendo y mezclando costumbres y tradiciones de la sierra y el llano, de la costa y la alpujarra. Aquí conviven el trovo y el nochebueno, la toná y el villancico del alba... Campanilleros no tenemos, y es una pena, pero en los barrios ya se empiezan a oír a los niños pidiendo el "aguinaldo" ( o el "aguilando", que también así se dice ) y, posiblemente, dentro de unos años escuchemos también nuevos villancicos llegados de Guinea, Senegal o Malawi. Pero la Navidad tiene también un contrapunto muy especial en esta tierra. Cada año, al día siguiente de los Santos Inocentes, Roquetas de Mar hace honor a su
nombre y se lanza a la playa a encontrarse con una tradición de cuyos orígenes nadie ha
sabido darme nunca datos concretos.
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![]() pescadores
para celebrar la última faena del año compartiendo junto a sus barcas los mejores frutos
de un mar tranquilo y apacible. Los más afortunados se llevarán un par de cajas de sardinas plateadas, otros tirarán de los besugos, las bogas, los jureles...
los más rezagados tendrán que conformarse con algún restillo o mirarán en Almería
a ver si consiguen algo que haya llegado de la zona de levante... El resto de la peña ya
estará en la playa amontonando los viejos palés rescatados de las obras con los que
alimentarán las hogueras que han de durar hasta la noche. Antes no había problema con el
fuego... el levante se encargaba de arrastrar hasta la costa algas y maderos que el sol
secaba lo suficiente para que ardiesen sin dificultad. Ahora las palas del Ayuntamiento
limpian a diario la arena... y con los primeros rayos de sol la playa parece una alfombra
de oro; de manera que quien quiera leña ha de buscársela por sus medios.
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Un buen cubo de sangría puede completarse con fresca cerveza, fantas y cocacolas para los más menudos, buen vino de la Contraviesa... y alguna que otra "delicatesse": (El año pasado me dieron a probar uno de los mejores orujos que he trasegado nunca).
La fiesta es para vivirla en cualesquiera de los corros, en familia, con una peña de
amigos, con los compañeros de trabajo, con los vecinos del barrio... Pero si eres
forastero, turista, visitante esporádico... o, simplemente, no has quedado con tu gente
en un sitio fijo y andas recorriendo la playa a ver si hay suerte y das con ellos...
pronto dejarás de estar solo. Desde cualquier grupo alguien se acercará a ti con un vaso
de sangría o una bota en la mano; beberás con ellos, te enseñarán a comer pescado..."¡A
la mujer y a la sardina... el primer "bocao"...a la barriga!" ; te
sentarás un rato junto al fuego para hablar de cualquier cosa o cantar una coplilla, y
luego, perdida la vergüenza, ganada la confianza, te dejarás tiznar la cara con los
tizones -ya perteneces al grupo- y reemprenderás la marcha hasta que desde cualquier otro
corro alguien se acerque a ti con un vaso en la mano. |
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