|
|
|||||||
Desde que comencé a interesarme por el tema, me sorprendió no encontrar una adecuada descripción sobre la muerte del toro de lidia, o, por lo menos, no figuraba en los manuales que consulté. Y, desde luego, a los toreros a los que he preguntado, no solo no saben, sino que les da horror hablar de este punto. Como cirujano, este desconocimiento ha despertado mi interés para exponer, aunque sea de manera breve, algunos de sus detalles.
El tiempo que va de su paz a su más profunda irritación, es inapreciable,
quizás debido a la |
![]() Yo he visto en varias ocasiones, en las maniobras de encajonamiento, ataques de unos animales a otros, que en repetidas veces han sido mortales. Siempre como consecuencia de una cornada dirigida inteligentemente a regiones vitales. En la plaza de toros de La Maestranza de Barcelona, José, el cuidador, se deshace en esfuerzos para evitar que se mezclen los toros y descarguen su incontenible agresividad entre ellos. Mi amigo el Dr. Gallo, veterinario durante años de la Plaza de Barcelona, de entre los casi cien toros que a veces pasan por los chiqueros de esta plaza, es capaz de pronosticar su comportamiento en el ruedo basándose en la conducta del animal durante su estancia en los corrales. El toro inquieto, hipermóvil, desafiante, que cornea todo lo que ve, es decir el toro "neurótico", es un mal toro en la plaza. Por el contrario, el toro semiquieto, de cierta docilidad que se encajona con orden, va a tener un comportamiento, fiero, noble y va a morir como los héroes, calladamente. La suerte de varas, como se aplica en nuestros tiempos, es terrible. La súbita
detención de la embestida por el peto del caballo, que posiblemente se comporta como un
muro, trasmite al cráneo, a la columna cervical y, a su cerebro y medula, la energía del
choque que produce un peso de 800 Kg. a una velocidad de 40 Km por hora. Esta expresión de su desafío, que es la extensión del cuello y su
|
elevación del plano del suelo, se va venciendo con el cansancio, las lesiones de la puya y con el buen hacer del maestro que lo humilla una y otra vez para irlo enseñando a bajar el hocico. La suerte final necesita de una flexión del cuello y un acercamiento de las pezuñas delanteras para que la abertura que ha de propiciar la entrada de la espada sea lo más amplia posible. Es el del hoyo de las agujas, donde la columna cervical se une a la dorsal, y cuando el cartílago que prolonga el potente hueso de la escápula se aparta al máximo de la cara externa de su columna vertebral. En estas condiciones se obtiene una abertura de 8 cm de lado por 4 en sentido anteroposterior, camino obligado de la espada que va buscando los grandes vasos. Es la optima e imprescindible abertura. La máxima flexión posible del cuello y la máxima aducción de las pezuñas anteriores Si esta postura no se consigue, el hueso es el destino del estoque. Los vasos que entran y salen de los pulmones son los receptores del estoque. Cuando es la arteria, el toro caerá pronto, y si es en la vena, lo hará mas lentamente. La estocada lateral, o lateralmente inclinada, perfora el pulmón y desangra al toro lentamente, haciéndole con frecuencia sangrar por la boca. La sangre roja siempre va seguida de una muerte rápida; la azul, lleva aparejada una muerte lenta, poco estética y estertorosa. Rara vez los toreros diestros parten la arteria aorta que surca paralela y a la izquierda, casi bajo la columna, y nunca el corazón que queda anterior y bajo.
Así es la muerte del toro. Una suerte, que vista desde el lado del espectáculo, requiere experiencia y bravura por ambas partes, tanto por el torero como por el toro. A veces me pregunto, que si el toro viera como los humanos, si al torero le sería tan fácil darle muerte. Pero ese es otro tema. Para los aficionados, la muerte del toro de lidia es gloriosa, salvaje y
hermosa. Y para acertar la estocada precisa, sólo hace falta, como dicen los toreros:
¡que Dios reparta suerte!. |
||||||