por Antonio Guerrero
Si el maestroQuiroga hubiera seguido los pasos que le marcaba su padre, Sevilla habríatenido un buen grabador pero España hubiera perdido la músicade un inspirado compositor. Pero, por suerte,mientras el niño, con poco más de siete años, trabajaba habilidosamente con los buriles, en sucabeza bullían melodías y canciones. De oído tocabasevillanas y pasodobles al piano, a los ocho años.Un organista que leoyó tocar se ofreció a enseñarle música, y la criatura tendríamadera de músico ya que tres años despuésya tocaba el órgano en la iglesia de los Jesuitas de Sevilla, la de lacalle Jesús del Gran Poder. Eso sí, por cuatro perras gordas, por loque su padre veía más futuro para él con los buriles que con el teclado.

El maestro Manuel Quiroga, último de los nombres del terceto Quintero, Leóny Quiroga, no se llamaba exactamente así. En realidad su primerapellido era compuesto y llevaba un López, pero como tantos artistas y personajes, famosos prefiriósimplificarlo. Su nombre completo era Manuel López-Quiroga Miquel. Naciócasi a finales del siglo XIX, en Sevilla, exactamente el 30 de Enero de1899. 

Manuel Quiroga, que iba para artesano, tuvo que tener muchas otrasinquietudes y un buen deseo de aprender. Estudió el grado elemental deMagisterio. Con el beneplácito paterno asistió a las clases de Dibujoy Pintura en el Museo de Sevilla. Y por vocación personal estudió enel Conservatorio Municipal de Sevilla: piano, armonía y composición.Eduardo de Torres, que era en ese momento el maestro de capilla de lacatedral de Sevilla, acabó de redondear la formación musical deljoven  Quiroga. 

La actividad musical de Manuel va ocupándole cada vez más tiempo.Ahora, además de la música sacra que desgrana en el órgano de laiglesia de los jesuitas, toca en los intermedios de los teatros, pone fondo musical a las películas mudas y acompaña en los locales de cuplés. 

Tras“servir al rey” en Vitoria, como llamaban al servicio militar, ylibrarse de luchar en Marruecos gracias a unas oportunas fiebres, regresóa Sevilla. Ya cobra cuatro pesetas diarias por tocar el piano en losintermedios del teatro San Fernando. Pero suverdadera vocación es la de compositor y se atreve, de momento, con canciones yzarzuelas de un solo acto. 

En el Teatro del Duque estrena Sevilla,que grande eres y La niña de los perros, ambas con libretode Antonio García Rufino, y El Cortijo de las Matas y Elpresagio rojo, con libreto de Fernando Márquez. Sus primerascanciones, La velá de San Juan y el Fox-trot gitano, queestrena “Dora la Cordobesita”, le proporcionan alguna popularidad. Pero, como en los toros, para alcanzar la fama había que triunfar en Madrid. 

En 1929 se traslada a la capital, donde sigue tocando en teatros ycabarets mientras compone y estrena zarzuelas y canciones. A pesar dealgunos pequeños éxitos, la música no le da para vivir y tiene querecurrir a su oficio de grabador. Así sigue entre 1929 y 1932, comomaestro de fábrica en "Arnillas y Matallana" y troquelando imágenesde vírgenes y santos, esperando el anhelado triunfo musical.Quiroga nolo tiene fácil. Para un compositor de su cuerda, había tres posiblessalidas. La zarzuela, que comenzaba a derivar hacia espectáculosarrevistados en los que el lucimiento físico de las vedettes tomabacada vez mayor importancia. El cuplé, picante y provocativo, cuyasletras eran cada vez más adocenadas, y la canción regional folclóricaque para muchos era un flamenco adulterado. Quiroga opta por éstaúltima, latonadilla, a la que da una dignificación de la que hasta entonces habíacarecido. 

En 1931conoce a Rafael de León. Ambos son sevillanos, con profundas raícesandaluzas, y se produce entre ellos una perfecta compenetración. Los inspirados romances y letras de Rafael dan pie al músicopara componer sus primeros grandes éxitos. Con estos argumentos en lamano, Quiroga pudo convencer fácilmente al padre de Rafael de León,para que el aristócrata permitiera a su hijo dedicarse a la literaturay a escribir letra de canciones. La naciente copla se va imponiendo. Porfin, sobre 1933, Quiroga puede dejar definitivamente el grabado. Cuandotodo parece tan prometedor, aparece el horror de la guerra civil. 

Separalizan los proyectos y se divide el país en dos zonas.La nuevamoral de los vencedores “de la Cruzada” borra del mapa los cupléspicantes y desvergonzados y estimulan la canción genuinamente española,aunque en verdad se trataba de un estilo en el que predominaba loandaluz y lo aflamencado.

Ademásde Rafael de León surgen otros letristas: Xandro Valerio, José AntonioOchaíta, Salvador Valverde y Antonio Quintero, con los que tambiéncolabora el Maestro Quiroga. Éste último formaparte del triunfante trío Quintero, León y Quiroga.En los añossesenta, tras cuatro lustros de éxito, el maestro Quiroga y el estilode copla que él había creado, comienza a decaer. Se impone otro tipode música más internacional y se repudia, por algunos, la canción folclórica queparecía recordar al franquismo. 

Sinembargo, en 1986, cuando el Maestro Quiroga cumple 87 años, parece quese redescubre su dimensión como músico. Se le nombra Hijo Adoptivo deMadrid y la Sociedad General de Autores de España y el Ministerio deCultura organizan un gran homenaje en su honor. La Orquesta Nacional deEspaña ofreció un concierto, en el Teatro Real de Madrid, con veintidósde sus más afamados temas, arreglados y orquestados por músicos de lacategoría de: Carmelo Bernaola, Fernando García Morcillo, José Nieto,Tomás Marco y Luis Cobos entre otros. Al homenaje no faltaron los intérpretesde sus canciones, especialmente Conchita Piquer, a la que el diminutivoConchita ya se le había sustituido por "Doña Concha". 

Quirogafalleció en Madrid cuando le faltaba un mes y medio para cumplir los 90 años,el 13 de diciembre de 1988, y fue enterrado, con escasa asistencia, enel cementerio de la Almudena. La noticia de su muerte pasó bastantedesapercibida, posiblemente por coincidir, además, con que enese mismo día, el 15 de diciembre, estaba convocada una huelga generalque casi paralizó España. Su inmensa obra, más de tres milcomposiciones, en su gran mayoría canciones y coplas, son una prueba dela enorme actividad que desarrolló durante toda su larga y fecundavida. Sus canciones siguen y seguirán vivas durante muchos años. Devez en cuando alguien rescata y versiona un ¡Ay, pena, penita, pena!,una María de la O, u otras de sus inolvidables coplas. 

Conmotivo de su muerte alguien escribía en ABC: ManuelQuiroga es el mejor ejemplo de algo que siempre he sostenido con feabsoluta: no hay géneros buenos o malos; hay, en todos, músicaslogradas y otras que no lo son. Una sinfonía puede ser detestable y unpasodoble ofrecerse como música maestra. Lo eran las canciones deQuiroga.


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